AECOC define trazabilidad como «el conjunto de aquellos procedimientos preestablecidos y autosuficientes que permiten conocer el histórico, la ubicación y la trayectoria de un producto o lote de productos a lo largo de la cadena de suministros en un momento dado, a través de unas herramientas determinadas.”
Con las crisis alimentarias de finales de los 90 (al enfermedad de las Vacas Locas) surgieron en Europa movimientos de consumidores que exigían una regulación más estricta en materia de seguridad alimentaria.
Aquellos sectores que se dediquen a la alimentación humana o animal, así como toda la industria de envases, aditivos, recubrimientos, gases o cualquier otro componente que esté en contacto directo con el alimento en su packaging están obligados a mantener la trazabilidad de sus productos por la directiva europea EC178/2002. Inclusive la industria farmacéutica, cosmética o juguetes entre otras.
La legislación no deja muy claro este asunto, pero pero se puede estimar un periodo aproximado al de la vida útil o existencia de stock en el mercado, más un periodo adicional de 6 meses.
Habría que prestar atención a aquellos productos cuya vida útil es susceptible de ser prolongada, como por ejemplo los alimentos congelados o las conservas.
Como puedes ver, la correcta gestión de la trazabilidad es una tarea que requiere de una ayuda extra.
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